Enseñar a Soñar

Actualizado: 12 abr

Cuando observo desinterés o desazón en los niños y jóvenes respecto de la vida, más que preguntarme por qué, intento buscar desde mi experiencia recursos o herramientas que pudieran ayudar a motivarlos.


Observo creciente incertidumbre y falta de entusiasmo para conversar sobre temas como “qué quieres hacer mañana” o “qué te gustaría para tu vida”. Y no es que pretenda apurar ningún proceso. Sólo indago para tratar de advertir de manera temprana algún síntoma que en el fondo sea un llamado de atención o petición de ayuda.


Me he preguntado qué hizo la diferencia. Qué hace la diferencia entre el que quiere desarrollar su talento del que no. El que quiere mejorar su vida del que no. El que busca oportunidades de ser feliz, del que no. Y me acordé. Me conecté con esa época en que a pesar de la adversidad, seguir adelante y luchar era mi camino. Descubrí que tenía sueños, muchos sueños, inalcanzables a ojos de los demás. Era frecuentemente encontrarme con un ¿crees que podrás? ¿Crees que lo lograrás? ¿Crees que tienes la inteligencia? Preguntas que hoy no se hacen.

Más allá de factores genéticos, a los que se podría apelar, lo cierto es que soñaba, dormida y despierta. Y esa capacidad de soñar la aprendí. Sí, mi madre me la enseñó, me la transmitió. Y me la traspasó. Porque debo decir que a sus casi 77 años sigue soñando y en grande.


Aprendí a soñar y no me van a creer, pero prácticamente todo eso que soñé lo alcancé. Al escribir esta reflexión, me doy cuenta que sigo soñando. Nada ha cambiado.


Esta reflexión pretende invitarnos a recuperar la capacidad de soñar, pero más importante, animarnos a “enseñar a soñar” a los que nos rodean, especialmente niños y jóvenes. La esperanza necesita de nuestros sueños. De los sueños de todos y la buena noticia es que ¡se puede aprender!

12 visualizaciones1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo